Funeral por Sor Inés, Mercedaria de la Caridad

 

El pasado martes 19 de Enero celebramos en el colegio el funeral por Sor Inés, hermana Mercedaria de la Caridad que falleció en los primeros días de enero, con 100 años cumplidos el pasado 11 de octubre.

Sor Inés trabajó en el colegio más de cuarenta años, de manera discreta, sonriente, pausada, y disponible.

 

 

En el cuaderno de condolencias que se puso a disposición de la Comunidad Educativa, se expresaron cosas tan bonitas por parte de niños y mayores como:

 

Ojalá te hubiera conocido. Nos dicen que eras muy buena y amable.

Sabemos que estarás bien con Jesús.

En tus hojas de examen te ponemos un sobresaliente por tu vida mercedaria.

Entendiste muy bien el espíritu mercedario.

La mayoría de los valores que aprendieron mis hijos fue con las Hermanas Mercedarias: su recuerdo sigue en nuestros corazones: dulzura,amor, entrega y bondad.

Entrega, disponibilidad, discrección, sonrisa. Camino. Gracias, Sor Inés.

El mejor recuerdo por todos los años que la conocimos: siempre tan activa y derrochando cariño. 

 

Fue una ceremonia sencilla, familiar, cercana... a la que acudieron sin dudarlo antiguos alumnos, padres de alumnos, profesores y gente del presenta y del pasado (presente) del colegio.

 

 

En la homilía, nuestro nuevo sacerdote, Amando, hizo un recorrido en el que expresó el mejor semblante de Sor Inés, del que extractamos unas frases:

 

Mujer que dejó torrentes de luz porque ella era luz y estaba unida a la Luz.

Pasó por el mundo haciendo el bien porque estaba unida a Dios.

Fiel seguidora de Cristo y del Padre Zegrí: "la caridad que es Dios se manifiesta enjugando lágrimas, socorriendo infortunios, haciendo el bien a todos y dejando a su paso torrentes de luz".

"Aquello que os despierte más a amar es lo que tenéis que hacer". Santa Teresa.

Profeta de la misericordia y ternura de Dios.

Debemos pensar que sor Inés no ha muerto, sigue viva en Dios. Junto al Padre intercede por nosotros, nos escucha y alienta. La muerte es un paso, no es el fin, ni la destrucción, es la transformaciónde la persona en lo mejor que hay en ella.

Sor Inés sigue siendo luz para este colegio y nos acompaña. Damos gracias por todo el tiempo que estuvo con nosotros, por sus 100 años de vida, por todo lo que aportó a este colegio, por todo lo que sembró en el corazón de cada niño, caca profesor, cada hermana.

 

 

Por último, el testimonio de sus hermanas mercedarias en la celebración:

 

Sor Guadalupe:

 

“Las almas son de Dios y van a Dios”. Él nos las presta y nosotros queremos agradecerle hoy, por el regalo de la vida de Sor Inés.
Mujer sencilla y humilde, con una actitud de servicio que le llevaba a “estar atenta a todas las necesidades que se presentaban, siempre con una sonrisa”. “Sonrisa en sus 100 años cumplidos, el 11 de octubre”.
Mujer de atenta mirada a lo que estaba por hacer, a lo que se necesitaba, era “ser para los demás”; consolaba a los niños que lloraban e intuía el dolor de los más mayores, para compartir su alegría y su vida. Miraba antes a los demás que a sí misma, era 100% merced con pasión y compasión, su hacer era misericordia, solidaridad y paz. Veía a los demás, como consecuencia de su mirada interior, veía a los demás a imagen y semejanza de Dios.
Señor, el regalo de sor Inés ha sido un gran activo para este colegio. Hoy sus familiares, hermanas, compañeros de trabajo, y alumnos quieren celebrar esta eucaristía para agradecerte su vida con nosotros.

 

Sor Alicia:

 

De la Hermana mercedaria el P. fundador decía que “su paso por la tierra se asemejaba al de un astro que ilumina sin quemar, al de una ráfaga que purifica sin destruir, al de un arroyo que fecunda sin inundar”. Así ha sido el testimonio de sor Inés, porque su vida ha sido LUZ, AMOR, OBRAS.
Y sigue diciendo el Beato P Zegrí:
“En el semblante de la mercedaria, dedicada a la educación de niños y jóvenes, deben resplandecer sobre manera la afabilidad y la dulzura, la caridad y la modestia”. “enséñenles a ser muy devotos de la Virgen de la Merced. Considérense enviadas por Dios para ser su ángel de la guarda”.
Tan presente tenía Sor Inés la enseñanza del Fundador que, en cada momento, la ponía en práctica; y, por eso, estaba tan atenta a todo y a todos.
El ejemplo de su comportamiento imprimía un impacto extraordinario en toda la comunidad: Hermanas, profesores, alumnos, padres y personal auxiliar.
“El amor de Dios ilumina, refresca y llena el alma de consuelo, de deseos de poseer a Dios; sacia y da la paz, da paciencia en las tribulaciones, quita todo temor e inspira confianza”. Este, “el amor de Dios, es el paraíso en el que la verdadera religiosa puede entrar sin abandonar la tierra, pues sube a Dios por medio del amor tiene alas”, dice San Agustín.
Todo esto lo hemos constatado en la existencia de Sor Inés. Siempre  hemos visto en ella algo muy especial. Ha sido una persona que hacía muy agradable la convivencia. Desde su sencillez, hacia que la vida fluyera armónicamente. Su postura habitual de atención a tu persona, por si te pudiera ayudar en algo. Y aunque no tuviera la solución a tu problema, se ponía en actitud de marcha para darte a entender que estabas sola en el apuro; ella te acompañaría a resolver lo que fuera.
Damos gracias a Dios, que nos ha concedido el regalo de su prolongada existencia. Como creyentes, consideramos que la vida verdadera no termina, sino que trasforma. Su asistencia desde el cielo, su presencia en nuestro recuerdo, será para todos un acicate en vida espiritual.
Sor Inés estarás siempre en nuestro corazón.

 

Descanse en paz. ¡Hasta siempre Sor Inés!

 

 

 

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